sábado, 12 de junio de 2010

El estructural-funcionalismo es un enfoque que supone que los elementos de una determinada sociedad son interdependientes entre sí, es decir, ve a la sociedad como un organismo que cumple dos funciones primordiales: la adaptación de los sujetos que la conforman, donde las formas sociales o culturales que se organizan en el proceso de adaptación a los distintos medio ambiente coloca a la sociedad en permanente cambio, y la integración de las distintas partes que la conforman. Puede mencionarse que una modificación, por más minima que sea, repercute directa o indirectamente sobre el resto del sistema. Estas dos funciones garantizan un permanente cambio en la sociedad pero a la vez la perpetúan.
Para Emile Durkheim toda sociedad tiene un ideal de hombre que define como debe ser éste en cuanto a características física, moral e intelectual para lograr la homogeneidad necesaria para una sociedad. Pero éste ideal trabaja también en pos de mantener lo único y diverso de cada sujeto para conservar la heterogeneidad que hace marchar una sociedad.
Durkheim ve a las instituciones como el único instrumento con el que una sociedad puede realizar ese ideal de hombre, pues la principal función de toda institución es el mantenimiento de normas, pautas de convivencia, creencias, y demás rasgos que regulan el ámbito de la vida social. Sobre esta concepción Parsons sostendrá que es la escuela la institución por excelencia que selecciona, diferencia y ubica al hombre dentro de la sociedad conforme al modelo idealizado.
Parsons sostiene el modelo organísmico para caracterizar a la sociedad, y menciona los subsistemas que la componen: el político, el económico y el educativo.
La escuela como subsistema social, esta constituida por una estructura y cumple funciones determinadas:
Como subsistema especializado y diferenciado dentro de la sociedad, la escuela promueve la socialización del individuo ayudándolo a desarrollar las capacidades, valores y compromisos para el ejercicio del rol adulto. La escuela presenta el modelo de alumno bueno, justo y racional y gratifica la adaptación, la integración y los logros intelectuales.
La integración al sistema educativo garantiza el éxito profesional.
En lo que respecta a la ubicación social de la mano de obra, realiza la tarea de seleccionar y ubicar a los sujetos dentro del mercado laboral, respondiendo directamente a las exigencias de la división social del trabajo (refutará Althusser en la Teoría de la Correspondencia)

Esta respuesta a las exigencias del mercado laboral es argumentada con la teoría del Capital Humano donde Burton Clark busca explicar porqué existen diferentes niveles de desarrollo económico entre los países y la explicación la haya en la mayor productividad de la mano de obra y en su mejor formación.
Clark explica que estos países desarrollados ven a la educación como una inversión que equivale a su propio crecimiento económico.
La teoría del Capital Humano considera en el individuo las habilidades, competencias y capacidades obtenidas primeramente dentro de la educación formal (la escuela) y luego las adquiridas por la experiencia y el entrenamiento laboral.
Adquirir mejores conocimientos y habilidades es una inversión que las personas realizan, una forma de capital que define la posibilidad de desarrollo de la nación a la que se pertenece. La educación esta directamente ligada al desarrollo económico pues es la que provee expertos y especialistas con la suficiente capacidad y formación para adecuarse a los constantes cambios que demanda el desarrollo tecnológico.
Entonces, conforme a los postulados funcionalistas lograr el éxito profesional es una decisión propia, es una inversión que la persona hace. Es un decidir estudiar, formarse, o trabajar.
Este punto del pensamiento funcionalista es argumentado por la teoría de la meritocracia, la que sostiene que la sociedad es un mercado competitivo y abierto y esta en cada sujeto adentrarse en esta carrera.
Todo individuo nace dentro del seno de una familia, lo que le asigna una situación objetiva dentro de la sociedad: adscripción de status. Para la meritocracia, todos los sujetos parten de la misma base para abordar la carrera hacia la movilidad social y la posición que cada individuo logre dentro de la sociedad señalará los méritos de éste para adquirirla. El mercado competitivo es un instrumento de colocación del individuo en la escala social según su mérito.
La sociedad, como estructura y como sistema jerárquico, asigna a cada individuo posiciones dentro de ella conforme a las capacidades que posea y a las acciones que este desarrolle, es decir, a quien corresponda, conforme al merito conseguido.

Pero en la realidad educativa hay múltiples factores que obstaculizan este desarrollo idealizado de la institución educativa que pasan tanto por el ámbito económico como por el social o el político. Una de los enfoques que hace mención a ellos es la Teoría de la Correspondencia:

Esta corriente habla de una escuela occidental ligada directamente a los intereses de las clases capitalistas, a la división social del trabajo (como mencioné párrafos arriba) y a las relaciones de dominación y explotación.
Uno de sus principales exponentes es el francés Louis Althusser quien habla de dos modos de sometimiento por parte del Estado: los Aparatos Represivos del Estado (ARE) y Aparatos Ideológicos del Estado (AIE).
El primer grupo lo constituye el gobierno, el ejército, la policía, los tribunales, entre otros, quienes se valen de la violencia para imponerse. Y en el segundo grupo, los AIE, se hallan clasificados la escuela, la familia, la iglesia, los medios de comunicación, etc. Entre estos la escuela es la que cobra mayor relevancia en lo que respecta a reproducción de la ideología dominante por su extensión (pues llega a prácticamente todas las personas, sin distinción alguna) y por el tiempo que los niños pasan dentro de ella.
La escuela transmite una falsa conciencia, sus contenidos y prácticas no hacen mas ocultar las condiciones reales de las relaciones sociales y conduce a un destino de clase. Sobre esto Bowles y Gintis mencionan que la escuela educa a los niños provenientes de las clases trabajadoras en subordinación y a las clases dominantes en relaciones de autocontrol, es decir, en iniciativa, independencia, autonomía.
Pero también continúa diciendo que la escuela adoctrina para la internalización de normas impuestas por la clase dominante que configuran un sometimiento ideológico y a la vez reproduce las fuerzas y las relaciones de producción.
Bowles y Gintis desarrollan un poco más este último concepto agregando que la escuela prepara al individuo conforme a las exigencias del mercado laboral y que el ascenso o permanencia de los niños dentro de ella depende de la clase social de la que vengan, no solamente del mérito o la inversión que se realice.
Esta idea esta altamente relacionada con el concepto de habitus que formula Bourdieu:
el habitus es el conjunto de valores y representaciones ideológicas que se obtiene en la familia y se manifiesta a través de gustos, del lenguaje, de las modales, lo que implica determinadas formas de percibir el mundo y estas formas están ligadas a su posición social. Lo que nos lleva a ver al sistema educativo no solo relacionado con la estructura económica, sino también con la estructura social.
La escuela, vista desde la óptica de estos autores, es el lugar donde se legitiman y reproducen las desigualdades sociales pues transmite el habitus de la clase media, es decir que transmite el modo de ver el mundo desde esta clase social, y hace de esa cultura “la cultura legítima” a la cual se accede “de un modo equitativo”
Esta institución naturaliza y oculta las desigualdades sociales, haciéndolas ver como simples desigualdades individuales, de talentos o capacidades.
La escuela ejerce violencia simbólica a través de la autoridad pedagógica, la relación y el trabajo pedagógico el cual instaura a la arbitrariedad cultural como la cultura legítima.
En la medida en que el habitus y los contenidos culturales arbitrariamente seleccionados se asemejan, los niños de las clases medias lograran el éxito escolar mientras que los de clase baja tendrán que cambiar su capital cultural para conseguirlo. La escuela es un instrumento (Baudelot y Establet) de dominación de la burguesía que encubre la represión ideológica a través del sistema educativo. Transmite la cultura dominante, cuyo fin es producir dos clases de sujetos: el proletariado sometido y la burguesía dominante.
Este instrumento se vale del lenguaje como herramienta predilecta mediante la manera en que forme a cada individuo para saber utilizarlo, desarrollarlo, valerse de él. Es la que determina la clase social a la que éste individuo pertenecerá: aquellos sujetos que accedan a la educación primaria solo aprenderán las competencias lingüísticas simples como la redacción y la narración, lo que los llevará a producir un pensamiento también simple.
Mientras que aquellos individuos que adquieren la formación secundaria, aprenderán a manejar el lenguaje de un modo mas desenvuelto: trabajarán sobre la explicación, exposición y expresión oral, competencias lingüísticas complejas que le facilitarán la adquisición y la producción de pensamientos complejo: realismo idealista.


la escuela es, entonces, la herramienta más poderosa y efectiva para manipular o moldear una sociedad desde sus más fieles raíces: los niños.

domingo, 30 de mayo de 2010

En la Modernidad la escuela era la principal fuente de conocimientos y habilidades.
Esta institución nació para garantizarle al Estado-nación la formación de su ideal de sujeto medido siempre por los otros, es decir, nació para formar un ciudadano. Este ciudadano compartiría con los demás una historia, unos símbolos, un tipo de moral: formar
sujetos homogéneos.
Pero con el paso del tiempo la propia ideología del Estado-nación y su rol con lo referente al desarrollo de las tareas de la institución educativa fue cambiando y dándole paso a la ideología del mercado.
Esta nueva concepción, apuntaría su trabajo a la formación de un sujeto ahistórico, asocial, autorreferencial, que ya no mediría sus acciones o posesiones con respecto a los otros sino conforme a los parámetros del consumismo, hecho que no se da por poseer objetos sino por el breve goce de las cosas: de lo material, de lo afectivo, de las relaciones, de los vínculos.
El consumismo determina al hombre a no comprometerse, pues los vínculos según esta ideología, son vistos como amenazas debido a que restringen las libertades individuales y reducen oportunidades de crecimiento y desarrollo. El consumismo apuesta a evitar las posesiones.
En medio de este contexto la escuela pierde todo su significado, se produce un “estallido del sentido tradicional de la escuela”, aquella institución donde podía adquirirse el conocimiento necesario para la inserción en la vida adulta que era dado por el profesor, quien suplía la necesidad del beneficio de educarse y quien poseía plena confianza en sí mismo para formar al alumno, hoy queda desorientada pues pierde su punto de referencia: la formación del ciudadano.
Ya no se busca almacenar conocimientos, pues estos son de un uso instantáneo. Ya no es un “bien preciado”, sino que éste y el acceso a él mismo se han convertido en una mercancía, que de igual modo se devalúa con el paso del tiempo, y es suplantada por una forma renovada que promete dar iguales y mejores resultados en lo que respecta a su aplicación o el acercamiento a la realidad actual.
Ante esto la escuela debe ceñirse de estrategias y aliarse con los avances tecnológicos: La importancia que traen consigo los grandes bloques de información que circulan por los medios masivos de comunicación poseen una relevancia momentánea lo que indica que pronto se producirá un cambio en ellos y esto hará que aquel conocimiento pierda su significado.
Ante esta situación, la escuela debe estar pendiente de estos cambios, pero también debe mediante la adaptabilidad, tomar múltiples formas que se expresan en los nuevos objetivos que se proponen y en el diseño de las nuevas estrategias.
Estos esfuerzos se dan no solo para intentar no perder lugar en la carrera de la formación de sujetos y la inculcación de conocimientos, sino también para
preparar a las generaciones futuras para vivir dentro de este nuevo mundo.
Esta pérdida del sentido de la escuela, dificulta a la misma la resolución de sus problemas actuales e incluso su propia identificación y actitud frente a estos. El Estado se desvincula de la escuela, esta pierde identidad en la sociedad y por ende, el propio docente pierde toda autoridad ante sus alumnos.
En este estallido la nitidez de los roles se nubla: Maestros y alumnos se hallan desconcertados, los primeros no saben qué funciones les corresponden, si han de mantener a sus alumnos moral, afectiva o materialmente, frente a las diversas situaciones socioeconómicas y personales que les toca vivir y estos, enfrentados a múltiples dificultades pierden el interés por educarse, no hallan motivación alguna para finalizar los estudios pues la educación ya no garantiza la movilidad social o la mejora de la propia situación, y optan por renunciar.
Los problemas escolares están fuertemente relacionados con los cambios socioeconómicos, por eso la situación debe percibirse en su singularidad y totalidad, aceptar al sujeto como un ser social y polifónico, de múltiples identidades: alumno, madre, padre, trabajador, etc. E igualmente la escuela, los docentes, los directivos que, a parte de gestionar la educación, pueden movilizar todos los recursos (intelectuales, sensibles, técnicos) y asistir al alumno cuando lo necesite, aun fuera de los limites físicos de la institución.
Es decir que el Estado ya no garantiza ni al docente, ni al alumno, ni a la propia escuela un rol especifico, sino que sus funciones se van desarrollando conforme al contexto en el que esta inmersa, situación que determina muchas veces a todos los actores que participan de ella a cumplir determinadas funciones que salen por completo de la idea fundacional de la institución educativa.



redacción realizada para el SEMINARIO DE LA REALIDAD EDUCATIVA del Profesorado de Ciencias de la Educación, con segmentos de los textos de Silvia Duschatzky "Dónde esta la escuela" y Zygmun Bauman "La modernidad Líquida".
Universidad Nacional del Nordeste,
Facultad de Humanidades.
Año 2010

martes, 11 de mayo de 2010

la función de la educación

Al hablar de enseñanza, generalmente, pensamos en sistemas educativos porque existe una naturalización por la cual concebimos a la educación como dada solamente dentro de un ámbito institucionalizado. El modelo de educación actual nace en tiempos de la Revolución Industrial por lo que sigue, en su método, al modelo de producción masiva, característicamente, por la incorporación de grandes masas en una institución, organizada por una jerarquización: cada una de estas se haya dividida en niveles, estos niveles en grados o grupos y cada uno de éstos en según las capacidades de cada sujeto: por un lado quienes tienen mejores calificaciones, por otro lado repitentes o con mala conducta, etc.
El ideal“educación para todos” dado por Comenio en la Didactica Magna (1632) nació en respuesta a los cambios sociales vividos en el Siglo XVII y haciendo uso de la fresca aparición del protestantismo, buscando, como finalidad, formar ciudadanos trabajadores y para formarlos dentro de la disciplina social requerida.

Es entonces que la didáctica surge en relación con este ideal prometiendo dar un “artificio universal para enseñar todo a todos”, esto es un método universal de enseñanza dado para satisfacer tanto el ideal democrático y las necesidades de resocialización de la nueva sociedad: la sociedad moderna.
Hoy en día, este compromiso que nació como una repuesta a los cambios sociales, tras haber sido absorbido por los Estados nacionales y tornarse (hablando específicamente de nuestro país) “obligatoria y gratuita”, esta sucumbiendo por los cambios sociales que vivimos: la distorsión de los roles dentro de la familia, de las instituciones y la sociedad misma, las crisis económicas, las vivencias adultas que persiguen los niños y adolescentes… El ideal de educación para todos que nació por los cambios sociales hoy está perdiendo protagonismo pues la situación social actual lo esta sofocando.
Hoy la didactica ya no debe buscar trabajar con una educación individualizada donde el maestro artesano trabaja con un alumno y este reproduce luego lo aprendido, sino que se ve enfrentada a grandes organizaciones con un elevado numero de miembros, donde las relaciones entre docentes y alumnos se rige por las condiciones de trabajo, historia personal de los alumnos, el programa a seguir, los códigos de convivencia, las relaciones con los colegas, etc.
Es ahora que el arte de enseñar debe tratar de desplegar en el escenario todos sus talentos heredados y dejarse seducir por las nuevas tendencias educativas, tratando de lograr un metodo, un "artificio universal" coherente, sobrio y eficaz aplicable a la nueva realidad social, por ende, educativa.